Cada clienta tiene una ficha con su historial de color. Ahí se anota la marca y el número de tinte, la proporción de mezcla, el volumen del oxidante, el tiempo de exposición, el tono de partida y el resultado. Se adjuntan fotos de antes y después de cada visita.
El efecto práctico es doble: la clienta repite exactamente el color que le gustó aunque pasen seis meses, y si el estilista que la atendía no está ese día, cualquier persona del equipo puede continuar el trabajo leyendo la ficha. También sirve para registrar alergias, pruebas de sensibilidad y observaciones del cabello, información que conviene tener por escrito.